La ciencia como elemento esencial del desarrollo en el contexto de la política integracionista latinoamericana. Autores: Dr. Edgardo Romero Fernández; Dr. Jaime García Ruiz; Dra. Josefina Chinea Guevara.a) Ciencia y Valores: La imprescindible dimensión axiológica del desarrollo.A nadie caben dudas que en pleno siglo XXI
la ciencia es el motor impulsor del desarrollo, pero ese desarrollo debe ser contextualizado, pues él no está desprovisto de una orientación axiológica determinada y su simple invocación no nos permite desentrañar cuales son las intenciones, de quien lo aclama, lo impulsa y lo defiende. Así, aunque muchas de las concepciones del desarrollo que conocemos se definen como universales, tienen un connotado carácter clasista y representan los intereses de clases y grupos de poder específicos. Es por ello que la evaluación de la política de impulso a la ciencia como elemento propiciador del desarrollo, tiene que orientarse por la determinación del fomento de determinados valores, a partir de dicha política de apoyo a la ciencia, a la investigación y a los atributos y elementos que les son inherentes, por tanto esa será la lógica y el curso de nuestra explicación.¿Cuáles son los valores que orientan el desarrollo que preferimos? La pregunta es evidentemente lícita y por ello nos detendremos en algunas consideraciones sobre las relaciones axiológicas, que deben servir de referencia para entender nuestra lógica. En su brillante ensayo Hipótesis para una teoría marxista de los valores, Agnes Heller plantea: “Todo lo existente, (cosas, objetos en sentido epistemológico, actitudes, acciones, instituciones, procesos) puede tener contenido axiológico. Esas entidades funcionan como valores cuando hay una elección que se dirige a ellas y es generalizable o ya generalizada.” Para Heller no hay dudas de que la ciencia, al igual que el arte y la filosofía entre otros son valores, entre otras cosas porque propician la riqueza del genero humano, e incluso por ello adquieren la cualidad de valor universal, pero lo que queremos destacar coincidiendo con Heller es el sentido electivo de la relación axiológica, pues como ya apuntamos, el contenido axiológico del desarrollo aparece interpretado de modos muy diferentes por diversas escuelas y teorías.Max Weber como ideólogo del capitalismo señaló como valor supremo del mismo, la propiedad privada, su defensa y la postulación del afán de lucro como instrumento supremo del desarrollo. En su obra La ética protestante y el espíritu del capitalismo, señala: “
El ascetismo laico del protestantismo, podemos decir resumiendo, actuaba con la máxima pujanza contra el goce despreocupado de la riqueza y estrangulaba el consumo, singularmente el de artículos de lujo; pero, en cambio, en sus efectos psicológicos destruía todos los frenos que la ética tradicional ponía a la aspiración a la riqueza, rompía las cadenas del afán de lucro desde el momento que no solo lo legalizaba, sino lo consideraba como precepto divino.”Ese afán de lucro es contrario a la idea de justicia social y al sentido de equidad que inspiró el proceso independentista en contra de la dominación española y los propósitos unificadores de Bolívar y de tantos otros próceres latinoamericanos, así pues escoger una u otra vía, uno u otro valor para orientar la política de desarrollo científico en la región tiene efectos muy diferentes. O sea la elección de unos u otros valores para potenciar el desarrollo origina “desarrollos” diferentes y debemos ser capaces de identificar cual es el tipo de desarrollo que más conviene a nuestras sociedades, a nuestros pueblos.Otro factor que incide en la interpretación axiológica diferente del desarrollo es la concepción del desarrollo como proceso continuo o como proceso continuo y discontinuo a la vez. Para evolucionistas como Spencer, Comte y otros el asumir el desarrollo como proceso que siempre está ocurriendo definitivamente significa renunciar a los cambios revolucionarios, a los saltos, a las transformaciones radicales en aras de alcanzar lo que parece imposible; para los revolucionarios al estilo de Marx la posición anti evolucionista indica que el desarrollo es resultado y no proceso y por tanto, hay que planificar con miras puestas en el gran salto, en lo que definitivamente hay que superar. La cuestión no es meramente de formas, pues si el avance en materia de ciencia se mide por el impacto que tiene esta actividad en el mejoramiento real de las condiciones de existencia del género humano estamos en presencia de una ciencia humanista, ecologista, que propicia un desarrollo sostenible, mientras que si el avance de la ciencia se mide, por el numero de patentes, artículos publicados en revista de punta, o nominaciones recibidas a los grandes premios internacionales “
establecidos” estamos en presencia de una ciencia elitista.Establecidos estos preceptos, nos ayudará en nuestro análisis el recordar que valores sirvieron de sustento a los proyectos integracionistas latinoamericanos, para determinar si ellos han sido o no escogidos al planificar la política científica de la Comunidad Andina de Naciones. En el resultado de investigación presentado por nuestro equipo en 2004 se definían como valores fundacionales de la integración latinoamericana los siguientes: emancipación individual y colectiva; justicia social; equidad; independencia nacional; unidad latinoamericana; tolerancia a la pluriculturalidad; intransigencia hacia los intentos de dominación y recolonización; identidad cultural latinoamericana y la propia integración latinoamericana.Sin dudas, el fenómeno científico-tecnológico contemporáneo adopta tres dimensiones
perfectamente identificadas
por los responsables directos de los más importantes avances en el área. Estas tres dimensiones están relacionadas, en primer lugar, con la
agilidad en la aplicación de los resultados científicos, lo que implica conciencia en sus autores de la importancia práctica de ellos; asimismo, son igualmente conscientes del peligro que significan estas nuevas aplicaciones de invenciones que pudieran modificar, para bien o para mal, la estructura misma de la naturaleza y la sociedad actual. El pensamiento moderno ha abandonado por completo las posiciones contrarias a la relación ciencia-sociedad y admite a la actividad científica como responsable del surgimiento de posiciones filosóficas que -bajo reglas epistemológicas propias- han delineado las estructuras sociales y políticas asimiladas por el hombre en cada época. El devenir científico -con ayuda del derecho como su instrumento más útil de protección y seguridad- ha ido elaborando
las estructuras económicas, políticas y culturales en cada época histórica, con el estímulo, el rechazo o la tolerancia de su entorno natural y social. Por ejemplo, el desarrollo de la biogenética hoy y las enormes posibilidades que ofrece la llamada ingeniería genética han generado una pléyade de opiniones en contra de la aplicación de los resultados científicos en esta área, dado el peligro que representan -en primer lugar- para la conservación de la especie humana en su ambiente natural y social. Aunque en general, los representantes de la ciencia genética son conscientes del peligro que entrañan los nuevos conocimientos, están convencidos –igualmente- que la ignorancia es mucho más peligrosa para el hombre que vive en sociedad. Las voces que se alzan en el mundo contra los estudios y aplicaciones de la biogenética buscan en el derecho un freno legal; sin embargo, en realidad, las nuevas biotecnologías solo pretenden
encontrar, comprender y utilizar nuevas y viejas formas de vida. El reto para el hombre moderno, en este caso, es la decisión de desperdiciar o utilizar las reservas genéticas del planeta, y en consecuencia definir el alcance y significado de las acciones en tal sentido. La segunda dimensión en que se manifiesta el fenómeno científico-tecnológico contemporáneo se expresa en la
preocupación del científico por la formación del profesional que ayuda de una u otra manera a producir. El científico –que en muchos casos, es además, profesor universitario- colabora para formar un profesional que debe ser capaz de cumplir con la investigación en un sentido de acoplamiento práctico entre ésta y la realidad que lo circunda.Esta preocupación educativa del profesional de la ciencia es consecuencia de la comprensión de su misión en la era de la economía del conocimiento. Es una preocupación que nace de su conciencia ética, pero que -en su pretensión de trascender- se convierte en
educación en valores a las nuevas generaciones de hombres de ciencia encargados de mantener en el tiempo el diálogo justo entre ciencia-tecnología y sociedad. De ahí otra de las grandes preocupaciones del fenómeno científico tecnológico moderno, relacionada con el modo de influir en su entorno para que tal diálogo sea justo. Resulta imprescindible tener presente, que la conciencia se forma en el hacer, para influir sobre ese hacer, determinándolo y regulándolo, llevando a la práctica ideas creadoras que transforman la naturaleza, la sociedad y al propio hombre; sin embargo, no es posible olvidar que la conciencia resulta de un complejo de vivencias emocionales basadas en la comprensión que el hombre tiene de la responsabilidad moral ante la sociedad y que es resultado de una autoevaluación del individuo de sus propios actos y de su comportamiento, determinada -en última instancia- por su posición en la sociedad, sus condiciones de vida y su educación. Estrechamente relacionada con el deber, la conciencia -como activa reacción del hombre en respuesta a las exigencias de la sociedad en que vive- constituye una poderosa fuerza interna de perfeccionamiento moral del ser humano. Esta es –entonces- la forma de influir, poténciense dentro de los procesos educativos los aspectos que tengan que ver con la comprensión de la responsabilidad moral del científico en su relación con su entorno a partir de los valores más significativos que han acompañado el devenir del ser humano y se estará asegurando el acople justo entre ciencia, tecnología y sociedad. La tercera cuestión del fenómeno científico moderno por su orden no deja de tener igual o mayor importancia que las tratadas. Si la conciencia del peligro y la educación en valores resultan factores significativos para la ciencia de este siglo,
la dimensión político-jurídica del asunto no lo es menos. El científico ha precisado del contacto con los poderes público, primeramente por asunto de distribución del financiamiento de la actividad científica, y en adelante, por verse definitivamente involucrado en la toma de decisiones públicas en relación con las políticas estatales sobre el desarrollo de la ciencia y la tecnología, esencialmente a través del hecho jurídico. En todas las etapas de la construcción del sistema jurídico se verifica la continua necesidad de tomar decisiones. Tomar decisiones significa introducir valores. Valores, asumidos a partir de consideraciones (leyes o teorías) de orden científico, filosófico, ético, antropológico y religioso que siendo
pre y meta legales están presentes en la intencionalidad del sistema jurídico como ordenador social que éste es. He ahí el desafío para el derecho: la imprescindible manifestación autóctona de su función social en cada etapa histórica ha de considerar que la ciencia y la tecnología merecen una política propia a partir de intereses y valores muy suyos.
Erigiéndose en razón de equilibrio, equidad y justicia
entre la actividad científica y la sociedad, el derecho expresado en la norma jurídica hará explícita la dimensión política de la actividad científico-técnica. Un ejemplo conocido de interferencia en el diálogo ciencia-sociedad son l
os derechos de propiedad intelectual, fundamento jurídico de la sociedad del conocimiento tal como los concibe la Organización Mundial de Comercio, que se convierten en un elemento esencial dentro de las estrategias dirigidas a un mayor control de la comercialización sobre los recursos genéticos, la diversidad biológica y los conocimientos asociados, lo cual se traduce en la destrucción de las comunidades agrícolas locales y su diversidad biológica y cultural. Todo esto lleva a la negación de la soberanía alimentaria, a la destrucción de la capacidad local para producir alimentos en forma sustentable y a la imposición de sistemas agroalimentarios industrializados y globalizados. Una reflexión que interesa en este diálogo ciencia-sociedad está contenida en la petición “
Heidelberg”, que presentada por varios científicos a los jefes de Estado, en la clausura del Foro de las Naciones Unidas en Río de Janeiro en 1992, finalizó con las siguientes palabras:
“Los grandes demonios que asolan nuestra tierra son la ignorancia y la opresión; no la ciencia, la tecnología y la industria, cuyos instrumentos, cuando están manejados adecuadamente, son herramientas indispensables de un futuro manejado por la humanidad, por ella misma y para ella misma, para superar los mayores problemas como el exceso de población, el hambre y las enfermedades”. En fin lo que se proyecte en materia de ciencia y técnica, asi como también en educación o acción social, no puede estar divorciado de un modelo de desarrollo elegido para un país determinado, teniendo en cuenta sus intereses, valores y cultura propia. La discusión es –entonces- cuál es el rumbo político a tomar y con cuáles medios se hace efectiva tal dirección. Si bien la ciencia es la práctica de una actividad profesional de carácter universal, el rumbo que se elija deberá propender a:a) estimular y fomentar mediante una adecuada financiación la producción de conocimientos en los ámbitos más diversos, desde la física y matemáticas, a la paleontología y las ciencias sociales, en el marco de los criterios internacionales de la actividad científica; b) al desarrollo de las bases fundacionales del conocimiento de la realidad social, física y biológica del espacio para el que se asume. Estos constituyen parte de los cimientos sobre los cuales construir un desarrollo científico-tecnológico autónomo libre de los vaivenes, lineamientos, criterios y condicionamientos emanados internacionalmente, y con posibilidades de integrarse y consolidarse a escala regional. Un modelo (o plan, o política científica) trata, por un lado, de estimular e impulsar -con toda decisión- el crecimiento científico y tecnológico (en todas las áreas del conocimiento) en el marco de la universalidad de la ciencia y criterios de carácter internacional, y por otro, de contribuir a consolidar la actividad científico-tecnológica para el desarrollo de conocimientos y soluciones a las distintas y ricas problemáticas socioculturales, físicas, biológicas, entre otras; y que -sin lugar a dudas- necesita perentoriamente de un sistema axiológico que le sustente y le marque el camino de hermanamiento con los principios humanos más nobles que han acompañado el devenir del hombre. b) La integración y el conocimiento científico y tecnológico como factores del desarrollo endógeno en los países andinos. Los procesos integracionistas deben ser un vehículo para potenciar el desarrollo endógeno de las naciones subdesarrolladas y no un fin en si mismo. Está claro según nuestro criterio que los modelos de desarrollo industrial por sustitución de importaciones y más recientemente el neoliberal han sido impuestos
desde afuera en respuesta a los intereses de los países centrales. Con ello los esquemas de integración de la región han quedado atrapados en la lógica y subordinados a los intereses del gran capital transnacional.
Las
instituciones integracionistas en América Latina y el Caribe que surgen a partir de la segunda mitad del Siglo XX son resultado, por un lado, de las influencias del pensamiento neoclásico o neoliberal sobre la integración que postula la liberalización del comercio (la eliminación de aranceles y otros obstáculos al comercio) y por otro lado, “las teorías del desarrollo y modernización – elaboradas por la CEPAL correspondiente a la escuela estructuralista dirigista – y la Teoría de la dependencia”
.
La teoría cepaliana y su máximo representante – Raúl Prebisch – orientaba su crítica a la teoría clásica del comercio internacional y sostenía que “la única solución para lograr el progreso económico era la industrialización”
. Esta concepción prevaleció en el pensamiento y la acción Latinoamericana durante los años 50 y parte de los 60. Con el fracaso del modelo de desarrollo sustentado en la industrialización por sustitución de importaciones aparece la alternativa de la integración. A partir de la segunda mitad de la década de los años 60 “se comienza a desarrollar un pensamiento crítico tanto de la `Teoría del desarrollo o modernización ¨ como de la Teoría desarrollista cepaliana. Este nuevo enfoque se conoce con el nombre de Teoría de la dependencia – cuyo padre fundador es Fernando Enrique Cardoso. Otros exponentes importantes lo han constituido: Theotonio Dos Santos, André Gonder Frank, Samir Amin, Octavio Ianni, Darcy Ribeiro, Ruy Mauro Marini, Marcos Kaplan, Celso Furtado y Vania Bambirra”
. Así, bajo estas corrientes de pensamiento es que se fundan la Asociación Latinoamericana de Libre Comercio (ALALC) mediante al tratado de Montevideo en 1960 y derivada luego en la Asociación Latinoamericana de Integración (ALADI); el Pacto Andino mediante el acuerdo de Cartagena en 1969, el Mercado Común Centroamericano (MCCA) y la Asociación Caribeña de Libre Comercio (CARIFT), transformado después en Mercado Común del Caribe (CARICOM). La educación, la elevación de los conocimientos, así como la producción científica y tecnológica son momentos esenciales de la dimensión social del desarrollo y la integración para las sociedades Latinoamericanas, al convertirse cada vez más en un factor de elevación de la eficiencia de la producción y generadores de riqueza y bienestar. La elevación de los niveles de educación y la producción de conocimientos – ciencia y tecnología – “crea una segunda conexión directa… con la productividad, y los determinantes
del capital humano, es decir, la educación, la cultura y la salud”
. Con el estancamiento de la ALALC, el Pacto Andino le dio un papel preponderante a la cooperación en el área de los Acuerdos de Complementación Industrial iniciadazos por la primera y crea un conjunto de Mecanismos de Programación Industrial. Estos toman dos divisiones fundamentales:“1. Programas de Racionalización de la Industria existente (PRI).
2. Programas Sectoriales de Desarrollo Industrial (PSDI) para programar las nuevas inversiones”
. La programación industrial elaboró propuestas para sectores como el Petroquímico, Metalúrgico, Automotriz, Siderúrgico, Eléctrico, la Comunicaciones, la Química, Farmoquímico y Fertilizantes. Sin embargo, le asignó el “rol centro al sector privado”
. Pero para este sector privado era trascendental los mercados externos y además, la presencia las Empresas Transnacionales era preponderante. En los países del Pacto Andino la Programación Industrial se concentró en los sectores de mayor presencia transnacional por lo que los beneficios que podía aportar la integración en el área de la ciencia y la tecnología quedaron dependiendo de las Empresas Transnacionales, las cuales determinaban quienes se integraban, como lo harían, en beneficio de quién y no en función del desarrollo de las naciones Andinas que se integraban.
. En las condiciones de los países
del Pacto Andino, basados en un modelo de desarrollo capitalista transnacionalizado, el conocimiento científico y la tecnología
y su introducción se encuentran subordinados a la maximización de la ganancia y en función de la competitividad y no del desarrollo y el bienestar. Su carácter privado y monopólico crea “barreras de propiedad intelectual y barreras técnicas concentrando cada vez más y en menos manos
los dispositivos de investigación científica; todo lo cual va generando enormes costos de transacción y contradicciones en el proceso de circulación y recombinación de los conocimientos; que acabarán convirtiéndose en una barrera del progreso tecnológico mismo”
. En “los países del Pacto Andino, 513 filiales de empresas de los Estados Unidos que operaban al final del decenio de 1960 (cuando se concertó el Pacto), 362 tenían compañías afiliadas en, al menos, otros países miembros, y 252 en dos de ellos como mínimo. De manera análoga, en 1973 las 437 empresas matrices extranjeras con 768 filiales en la Argentina tenían 2109 filiales similares en los demás países miembros de la ALALC”
. En cuanto a las Inversiones Económicas Directas (IED) en América Latina, las Empresas Transnacionales de la Unión Europea (UE) tomaron el mando desplazando a Estados Unidos en 1998. En esta fecha la UE realiza IED en América Latina por un monto de 29 045 Millones de dólares, mientras que Estados Unidos alcanza invertir 16 697 Millones de dólares
. La misma fuente señala además, que el interés de las transnacionales europeas ha estado localizado fundamentalmente en tres direcciones:
· “El acceso a los mercados de servicios y manufacturas en los países de América del Sur.
· La búsqueda de una plataforma de exportación en México para acceder al mercado de América del Norte, principalmente EEUU.
· El acceso a los recursos naturales (hidrocarburos, entre otros) en los países andinos”
. Como se aprecia en la tabla No. 1, el interés de las IED no es la transferencia de conocimientos científicos y de nuevas tecnologías que propicie el desarrollo, sino el acceso a los mercados y a los recursos naturales. Así, la transferencia científica y tecnológica no se convierte en un factor facilitador de la integración; sino más bien desintegrador,
y el desarrollo sigue siendo dependiente y desvinculado de las necesidades sociales, productivas que propicien el incremento de la calidad de vida de las naciones miembros.
Importación de Bienes de Capital Fuente. Revista del Banco Nacional de Cuba
Tabla No. 1. Unión Europea: IED en América Latina por subregiones, de destino. 1992 – 2000. (en Millones de dólares y porcentaje).
| Regiones | 1992 | 1995 | 1998 | 2000 | 1992/2000(%) |
| América del Sur | 1893 | 3986 | 25835 | 31563 | 87.7 |
| · MERCOSUR | 1147 | 2267 | 24033 | 23176 | 66.5 |
| · Comunidad Andina | 693 | 1200 | 23 | 7598 | 13.9 |
| · CAN, % de América del Sur | 36.6 | 30.1 | 0.0 | 24.0 | |
| México | 361 | 1462 | 1572 | 2408 | 8.3 |
| América Central | 388 | -796 | 1638 | 1249 | 4.0 |
| Total América Latina | 1477 | 4652 | 29045 | 35220 | 100.0 |
Las políticas que rigen la coordinación del accionar científico
hacen referencia a la necesaria coordinación y cooperación en la actividad científica y tecnológica entre investigadores e instituciones de distintos países, como vía para alcanzar el crecimiento económico, pero olvidan al ser humano como principal actor y consumidor de la propia ciencia y tecnología, ser humano que está insertado en una sociedad histórica y concreta y que en mucho de los casos no tiene posibilidades reales para acceder a dichos adelantos, por no poseer el poder adquisitivo para ello, más aún las asimetrías entre el desarrollo de los diferentes países suscriptores de los diferentes documentos de cooperación son ignoradas y no porque no se declare en los documentos y se esboze en las políticas, sino porque no se realizan acciones concretas para revertir la asimetría y pasar de cooperación entre iguales (que no lo son) a cooperación solidaria en donde unos en ciertos aspectos tendrán que poner más que otros, es así, como la distribución más equitativa de los adelantos de la ciencia y la tecnología debería ser el medidor real de el valor justicia en el ámbito de la ciencia respecto a los proceso de integración latinoamericana. La mera información o el acceso a esta no generan conocimiento, sino que muchas veces genera incomprensión, estigmatiza negativamente al sujeto que no comprende y lo margina del proceso de desarrollo. Por tanto la coordinación y la cooperación en el plano de la ciencia y la tecnología deben articularse con valores como solidaridad, conciencia cívica y participación popular por solo mencionar algunos. c) Dimensión político-jurídica de la ciencia y la tecnología en el MERCOSUR.
La inserción en el comercio internacional, con capacidad de incorporar alto valor agregado y competitividad, depende cada vez más de la capacidad de innovación de empresas que, nutridas del conocimiento científico, se transformen en locomotoras del crecimiento. Ello supone crearles fuentes de financiamiento, reproduciendo la sinergia entre empresa, universidad y gobierno necesaria para ello. El proceso de integración del MERCOSUR, más allá de los logros a nivel de comercio, ha tenido dificultades en la coordinación de políticas macroeconómicas y en la definición de aspectos comerciales frente a las importaciones de terceros países lo que se vincula al establecimiento del Arancel Externo Común. Las diferentes modalidades de intervención estatal en las agriculturas de los países: subsidios, créditos, restricciones arancelarias y no arancelarias, prácticas desleales de comercio y otras, han sido motivo de disputas y conflictos que han actuado como factor en contra de la existencia de una política regional que favoreciera la competitividad de la región en los mercados mundiales. Ello no ha favorecido la integración de las cadenas exportadoras entre países, que en la actualidad operan en muchos casos como cadenas nacionales, siendo evidente que a medida que se progrese en la definición de políticas comunes, se estará creando el entorno necesario para el desarrollo de cadenas productivas regionales. En conclusión, como respuesta a los cambios externos derivados de la globalización, a la profundización del proceso de integración en el MERCOSUR y a la implementación de políticas de apertura, comienza a conformarse un sector industrial regional caracterizado por un incremento extraordinario del comercio dentro del bloque, por un crecimiento de comercio de agroalimentos entre el MERCOSUR y el resto del mundo y por importantes flujos de inversiones entre países, que con diferentes objetivos se posicionan en la región. Las demandas tecnológicas derivadas del nuevo escenario competitivo, determinan nuevas exigencias para los sistemas de innovación. La formación de mercados comunes y la integración regional, al provocar cambios en las estrategias competitivas del sistema industrial, implican también modificaciones en la forma en que se organizan y ejecutan las actividades de ciencia, tecnología e innovación. La globalización y la regionalización apuntan a que los procesos estructurantes de la economía, de la tecnología y de la información estén interligados –lo que refuerza la ocurrencia de redes de innovación, introduciendo así un dinamismo flexible que requiere coordinación. Los actores involucrados con la ciencia, la tecnología y la innovación tienen por lo menos tres grandes desafíos: saber gerenciar los beneficios intangibles, como el aprendizaje y el conocimiento tácito; saber organizar estructuras de cooperación, lo que ha sido hecho por la organización de redes; y cultivar las competencias por medio de la búsqueda de eficiencia y de mayor capacitación técnico-científica y organizacional. O sea, lo que se destaca son los aspectos de gestión del aprendizaje
y de las competencias relacionadas
. Las condiciones de construcción de competencias (referidas a capacidades) y de desarrollo de capacitación (proceso de aprendizaje) influyen en la dirección del cambio técnico. Siendo así, el conocimiento no es completamente transferible, o sea, no puede ser integralmente codificable. Hay elementos relativos a la práctica del conocimiento que están ligados a las habilidades y al conocimiento tácito específico. De esta forma, la competencia se vuelve elemento esencial al permitir poner en práctica procedimientos para resolver problemas, para capacitar la utilización de conocimientos externos, para crear, dominar y desarrollar tecnologías y procesos/productos, para una mejor comprensión de la demanda de consumidores y usuarios y posibilitar una mayor interacción entre éstos. Esa comprensión dinámica del proceso de innovación es de extrema importancia para agencias de fomento y de promoción de actividades cooperativas, pues permite estructurar políticas para el área de ciencia y técnica que enfaticen la cuestión del aprendizaje y de la construcción de la capacitación y de competencias. Considerar el papel de la ciencia y de la tecnología como estratégico en el proceso competitivo significa articular formas más eficientes y efectivas de hacer investigación y desarrollo. En ese sentido, la cooperación apunta a una mayor efectividad, es preciso utilizar sus ventajas. Ciencia y tecnología son endógenas al sistema económico
y las innovaciones tecnológicas son necesariamente construidas por “colectivos”
. La utilización del concepto de redes permite vinculaciones y relaciones entre cuestiones habitualmente separadas como investigación básica y aplicada; bienes públicos y bienes privados. Las redes y los sistemas de innovación no se organizan según una lógica de bienes públicos y bienes privados, sino según una división de competencias esenciales, en una división de tareas que coordina el proceso innovativo desde sus componentes científicos más básicos hasta las fases de desarrollo del producto o servicio, llegando a la comercialización y a la distribución. En esta situación, lo que más se destaca es la capacidad de los agentes comprometidos en producir los resultados esperados para que la red o el sistema funcionen y alcance sus objetivos. Cualquier consorcio o red, al ser organizado, define los derechos de propiedad para todos sus participantes, inclusive los de naturaleza pública/estatal.
La inserción en el comercio internacional, con capacidad de incorporar alto valor agregado y competitividad, depende cada vez más de la capacidad de innovación de empresas que, nutridas del conocimiento científico, se transformen en locomotoras del crecimiento. Ello supone crearles fuentes de financiamiento. Brasil es el primer país latinoamericano que alcanzó la ansiada meta del 1% de inversión del PBI en investigación y desarrollo: 1,04% en 2000. Este índice se considera la frontera entre los países que empiezan a desarrollarse y los de economías débiles. El promedio de inversión europea es de casi 2%, mientras los países más avanzados se acercan al 3% y lo superan. La media latinoamericana es baja: 0,6%. La Argentina nunca sobrepasó el 0,45% y ahora descendió al 0,33%. Los otros miembros del Mercosur invierten menos: Uruguay, el 0,22% y Paraguay el 0,1% de sus PBI. Chile, mucho más: 0,6%, detrás de Brasil. Brasil invierte más de US$ 6200 millones por año en I+D y la Argentina unos US$ 400 millones, cifra que, a modo de ejemplo, este año aportarán solamente los fondos sectoriales en Brasil. Los otros países del Mercosur invierten poco: Uruguay US$ 32 millones, Paraguay US$ 5 millones y Chile US$ 400 millones.El sector empresarial brasileño invertía el 12% del total anual de I+D y ahora llegó al 42%, con más de US$ 2500 millones. Por eso sus exportaciones crecen y llegan casi a US$ 90.000 millones por año, tres veces más que la Argentina. En Argentina, el sistema de ciencia y técnica no está conectado con la industria, que sólo invierte el 20% del total anual en investigación y desarrollo. En Uruguay la propensión innovadora también es baja y en Paraguay, nula. En Chile la inversión privada llega al 33% del total. La Argentina sólo exporta un 14% de alto valor agregado. En un trabajo publicado por la Universidad Católica Argentina (2003), Elvio Baldinelli propone una meta para reducir el desempleo y afrontar la deuda: exportar US$ 70.000 millones en 2010, lo que significaría un incremento a una tasa anual acumulada del 14%. Agrega que dicha meta es inalcanzable por los medios tradicionales, pues no podemos duplicar las cosechas, el petróleo y otros bienes primarios. Concluye que hay que innovar a través de la inversión en I+D, para lograr mayor valor agregado. Sachs da en la clave: “La Argentina está empantanada en las exportaciones tradicionales. Mucho de esto se origina en la baja inserción de la ciencia y la técnica”. En Argentina hay unas 900.000 empresas, de las que sólo 12.000 exportan. Un gigante adormecido, con elevadísimas protecciones arancelarias que generan una industria sin competitividad, que vende a un mercado interno cautivo. Brasil, en cambio, al optar por la innovación, ascendió al puesto 57 del ranking de competitividad publicado por el Foro Económico Mundial en el 2004 La Argentina está en el puesto 74. La Reunión de Ciencia, tecnología y sociedad de Noviembre del 2004 en Argentina demostró que l
a globalización tal como está planteada no es el camino deseable, pues genera mucha riqueza, pero a costa de la marginación y el empobrecimiento de las mayorías. Por esto, es que el desafío que se le plantean a los países latinoamericanos pasa por la posibilidad de ampliar el acceso de la sociedad a la ciencia y la tecnología. Allí dijo el Ministro de Educación, Ciencia y Tecnología, Daniel Filmus, de Argentina:
“Nuestros países están en condiciones de dar este debate”, porque “el objetivo no es sólo crear conocimiento, sino cómo poner el conocimiento creado al servicio de las grandes mayorías. Entonces, lo que vamos a discutir en este encuentro es cómo va a vivir nuestro pueblo en las próximas décadas”Por su parte, el ministro Ciencia y Técnica del Brasil, Eduardo Campos, subrayó la importancia estratégica que tiene la ciencia y la tecnología en el proceso de integración regional para concretar el objetivo de consolidar “una nueva sociedad basada en el conocimiento”. “Queremos que la ciencia y la tecnología sean la fuerza inductora para el proceso de integración. Estoy seguro que juntos podremos conseguir los objetivos planteados para el desarrollo”, afirmó. La Reunión “Ciencia, Tecnología y Sociedad” tuvo el objetivo de difundir a la comunidad, los avances científicos y tecnológicos más recientes y mostrar de forma comprensible cómo el conocimiento contribuye al desarrollo cultural, económico y social de nuestros países. Algunas de las temáticas abordadas por los especialistas fueron: Salud Humana, Biotecnología, Cambio Climático, Fuentes de Energía, Tecnología de la Información y las Comunicaciones, Ciencias Espaciales, Sociales y Humanidades, entre otras. Se discutieron también temas de política científica de la región, como el financiamiento de la ciencia, la ética, la relación con los medios y la transferencia de tecnología a la industria nacional y regional.En su formulación jurídica la ciencia en el MERCOSUR pasa por un período de armonización de las legislaciones nacionales vigentes en cada estado miembro y en ese sentido el mayor de los logros ha sido la aprobación por el Consejo del Mercado Común del Protocolo de Armonización de Normas sobre Propiedad Intelectual en el Mercosur, en Materia de Marcas Indicaciones de Procedencia y Denominaciones de Origen como decisión número 8/95.Ante la problemática planteada en el Mercosur por la circulación de bienes y servicios entre Estados que presentan diferencias en los regímenes jurídicos de protección de la propiedad intelectual y la concreción de los nuevos términos de protección internacional en el marco de la OMC, optó por implementar un sistema de armonización del derecho de marcas. El mismo deberá ser implementado por cada Estado de los países integrados, en su esfera interna. Para ello se elaboró un documento que buscó aunar las diversas existencias entre las legislaciones e intereses de los Estados Partes, siguiendo las previsiones orgánicas del Tratado de Asunción. Por Resolución 25/92 se creó la Comisión de Propiedad Intelectual en el ámbito del Subgrupo 7.3.Su labor terminó a fines de 1994 con la aprobación de un Acuerdo de armonización de Normas sobre Propiedad Intelectual en el Mercosur, como Recomendación 7/94 del Subgrupo 7. El CMC aprobó dicho documento como Decisión 8/95 .Este Protocolo se elaboró en base al estudio de las legislaciones de los estados parte, las disposiciones del Convenio de París y el ADPIC. En Uruguay se aprobó por ley 17052 de 14 de diciembre de 1998, que consta con la aprobación paraguaya desde 1996.Para tratar de evaluar la dimensión político jurídica en Ciencia y técnica en el Merco Sur teniendo como patrón los valores formulados como fundacionales del movimiento integrador latinoamericano y que han sido descripto up supra, será necesario confrontarlos tanto en el plano objetivo, subjetivo e institucional en que se desenvuelven los actos político-jurídicos sobre ciencia y técnica en el área.Indiscutiblemente los valores fundacionales están concebidos como pilares de los actos políticos integradores de la ciencia y técnica en el MERCOSUR, están igualmente en la subjetividad individual y colectiva de los pueblos que conforman el area, pero sin dudas entran en contradicción con la dimensión jurídica de estas políticas públicas sobre ciencia y tecnología.Son los asuntos referidos a la organización y estructuración de la propiedad industrial, de la propiedad intelectual, es la legislación de marcas y patentes dispuesta por la Organización Mundial de Comercio la que impone cánones de funcionamiento para los países del sur que no permiten a las políticas –por muy humanistas que sean en su formulación- ordenar una acción de ciencia y tecnología en la región que potencie la industria y los productos de la zona en coherencia específica con un desarrollo sostenible que procure por todos los medios el mantenimiento de los ecosistemas propios y evite las agresiones al ambiente.Los mecanismos jurídicos que acompañan la armazón de la economía del conocimiento que mueve hoy al mundo, están totalmente desprovistos de un sistema de valores que potencie el desarrollo humano sostenible, más bien esos valores se encuentran en total dependencia del mercado despiadado y orientado por completo a la búsqueda de ganancia.Axiología y derecho se han divorciado definitivamente en esta era del conocimiento y los problemas comenzaron el día en que se pensó en utilizar el derecho sobre el conocimiento para imponer relaciones económicas de vasallaje feudal en esta aldea global. Concluyendo la acerca de la situación en ambas regiones podemos afirmar que los valores promulgados oficialmente en los procesos integracionistas latinoamericanos contemporáneos coinciden esencialmente con los valores fundacionales de la integración latinoamericana, pero su implementación no garantiza una integración potenciadora de lo latinoamericano.
Ver: Romero, Edgardo. “Crítica a las posiciones voluntaristas y empiristas en el tratamiento de la relación causal entre valores y desarrollo social”. ISLAS, 115, Editorial Feijóo, Universidad Central de las Villas, mayo-diciembre, 1997, p.161, 164-166, 168-169. Heller, Agnes.
Hipótesis para una teoría marxista de los valores. Ediciones Grijalbo, Barcelona, 1973, p. .55.
Weber, Max.
La ética protestante y el espíritu del capitalismo. Ediciones Península, Barcelona, 1994, p. 242.
Citar
Informe
de investigación
. Citar Informe de investigación. Estas tres dimensiones fueron identificadas por el físico y profesor de la Sorbona Dr. Pierre Aigrain en una entrevista que sostuvo con George Charbonnier publicada en el libro “El hombre de ciencia en la sociedad contemporánea”, Siglo XXI Editores, 1970.
Entiéndase aquí la justicia tal como se concibe en el estudio “Valores de la posibilidad real de la integración latinoamericana”, SIETE CÁTEDRAS PARA LA INTEGRACIÓN, Convenio Andrés Bello, Bogotá, 2005, pág 183-187. Ver: Muñoz, Roberto. Los proceso de integración en la región latinocaribeña: Inserción de Cuba y sus perspectivas. Informe Final de Investigación. Universidad Central
de la s Villas, Cuba, 2005, Cap. I
Ver: Economía Internacional. Op. Cit. P. 36.
Ver: UNCTAD. “El papel de las empresas transnacionales en los esfuerzos de integración en América Latina”, Agosto.
1983, p.23. Lage Dávila, A. Op. Cit. P. 13. KLEIN, D.A. “A gestão estratégica do capital intelectual: uma introdução”. In: Klein, D.A. A gestão estratégica do capital intelectual: recursos para a economia baseada em conhecimento. R.J: Quality mark Editora, 1998, p. 1-12. MUNIER, F. Competences pour innover et politiques publiques: une nouvelle orientation des politiques publiques d´aides a innovation sur la base d´une enquête française. Brest: UBO-ENST Bretagne, V Colloque International d´Economie Publique Appliquée, 10 et11 Juin, 1999. FREEMAN, C. (1975) La teoría económica de la innovación industrial. Penguin Alianza.;NELSON, R. & WINTER, S. (1982) An Evolutionary Theory of Economic Change. Havard University Press, Cambridge, MA.; DOSI, G. (1984) Technical Change and Industrial Transformation - The Theory and an Application to the Semiconductor Industry. MacMillan, London. 1984 CALLON, M. 1994, Is Science a Public Good?, Science, Technology & Human Values, v.19 n.4, pp.395-424.